.: Bibliografía Semanal

 

Clientelism and Portfolio Diversification: A Model of Electoral Investment with Applications to Mexico

Beatriz Magaloni, Alberto Díaz-Cayeros y Federico Estévez

Se emplea un modelo de diversificación de portafolio para hacer predicciones sobre cómo los políticos escogen el clientelismo como una estrategia de inversión. Bajo el supuesto de que los políticos buscan un cierto umbral de votación (para ganar) y minimizar el riesgo electoral, los autores dicen que los que ya están en el poder (incumbent en lo que sigue) y buscan reelección diversifican su portafolio de inversión entre las transferencias particularistas y la provisión de vienes públicos, de lo que el retorno electoral es más incierto.

El clientelismo es una forma de intercambio político en la cual el apoyo político de grupos de ciudadanos es intercambiado por bienes que proveen los políticos. Es una forma de inversión que depende de: 1) La naturaleza de los bienes que se proveen, 2) la posibilidad de hacer efectivo el contrato de intercambio implícito y 3) qué tipo de votantes se requiere estratégicamente.

El clientelismo difiere de otras formas de compra de votos en dos aspectos: primero, su objetivo son individuos o grupos específicos; y segundo, es repartido a través de la red clientelista del partido y se hace una distinción entre los leales a él y los oponentes.

La esencia del modelo que presentan los autores es la siguiente: un incumbent que busca reelección debe decidir cómo repartir una canasta de transferencias discrecionales a los votantes. Esas transferencias van desde bienes privados, excluyentes y que se pueden dar a individuos específicos; hasta bienes públicos no excluyentes que son distribuidos en una jurisdicción específica o son consumidos por votantes de distintas jurisdicciones. Como instrumentos de inversión electoral, estas transferencias difieren en: a) su costo relativo a un presupuesto; b) su retorno electoral esperado, definido como el número de votos por unidad de transferencia; y c) su nivel de riesgo electoral. El modelo asume una correlación positiva entre rendimientos esperados y riesgos: las inversiones más riesgosas tienen mayores retornos electorales.

El riesgo varía de acuerdo con lo público que sea el instrumento de inversión electoral. Las transferencias privadas y exclusivas que sólo pueden ser consumidas por el círculo de partidarios son libres de riesgo; mientras que los bienes públicos y no exclusivos pueden ser consumidos por todos los votantes, independientemente de las ataduras partidistas, por lo que son los más riesgosos. Los bienes privados libres de riesgo no traen consigo el mayor rendimiento en retorno electoral, porque son pocos los votantes que pueden recibir la transferencia y los gobiernos enfrentan restricciones de presupuesto. Las transferencias privadas pueden ser muy caras, porque los costos de transacción deben de ser superados por una efectiva repartición de las transferencias y al monto que se necesita de votos comprados para ganar una elección. En contraste, los bienes públicos reducen los costos de transacción y son más costo/efectivos por beneficiario, pero más riesgosos que los bienes privados, porque el incumbent puede invertir en ellos y no recibir ningún pago después de la elección.

El modelo es derivado de un enfoque de diversificación de portafolio para inversión electoral. Los políticos incumbents compran votos para quedarse en su oficina, pero son aversos al riesgo. Por lo que ellos prefieren invertir en transferencias privadas hacia los partidistas que en bienes públicos que son consumidos por todos y tienen un incierto rendimiento en retorno electoral.

En su búsqueda por un mayor retorno electoral, sin embargo, empiezan a invertir en bienes públicos a pesar de los riesgos que tiene. Mientras el retorno en votos de los bienes públicos es una variable aleatoria, el retorno en votos de clientelismo está asegurado.

La efectividad de las transferencias privadas depende de la propensión de los votantes a cambiar sus votos por dinero. Para votantes indigentes, una transferencia pequeña, como un saco de granos, es probable que inclinen su preferencia de voto. Con votantes relativamente ricos, se necesitaran de transferencias más generosas. En cualquier caso, el tamaño del presupuesto limita la provisión de bienes particulares. Cuando un país se moderniza y el votante pivote se vuelve más rico, los políticos están obligados a confiar menos en el clientelismo y empieza a introducir provisión de bienes públicos como una forma dominante de intercambio político.

El retorno de las transferencias privadas deben ser lo suficientemente grandes que satisfagan el mínimo de votos necesarios para que el incumbent se mantenga en la oficina. Esta condición depende de que tan barato es comprar los votos de los partidistas. Por lo que, la característica central de la teoría socioeconómica del clientelismo, la asociación entre pobreza y clientelismo, es tomada en cuenta por este modelo por el lado de la demanda.

Los incumbents van a estar mejor combinando clientelismo y bienes públicos en su portafolio de inversión, esto debido a la preferencia por el riesgo de los candidatos. Si un incumbent es neutral al riesgo, no obtendrán ninguna ventaja de la diversificación.

Su estrategia óptima es entonces encontrar una asignación diversificada de los fondos entre bienes públicos y privados, dando una proporción α del presupuesto a los bienes públicos, y el resto (1-α) a los privados. El problema del político puede ser reformulado en cómo encontrar la combinación de bienes públicos y privados que minimice el riesgo (la varianza en el retorno electoral), dada la restricción de expectativas de un nivel deseado de apoyo electoral.

Por lo tanto, ceterisparibus, las asignaciones a clientelismo serán mayores mientras:

  • Más pequeña sea la diferencia en rendimientos entre los dos tipos de bienes
  • Más grande sea el riesgo de un bien público
  • Más alta sea la aversión al riesgo del político

Si los políticos se preocupan de tener altos retornos electorales, la diversificación siempre será mejor que sólo distribuir bienes privados.

Elmodelo sugiere que la importancia relativa del clientelismo depende de la extensividad de la pobreza, que hace que sea más frecuente; de la competencia política, que funciona incrementando la provisión de bienes públicos; y del riesgo electoral, que hace que el clientelismo sea más atractivo para los incumbents. Se puede medir la conducta de los políticos por medio del riesgo, el modelo espera que los políticos más adversos al riesgo van a mantener importantes partidas de clientelismo en su portafolio de inversión (alpha pequeño).

Algunas conclusiones. Primero, cuando un país se desarrolla el votante pivote se vuelve más rico, el clientelismo deberá erosionarlo como forma dominante de intercambio político simplemente porque es muy costoso. Segundo, cuando el tamaño del monopolio electoral del incumbent se reduce en el tiempo, el partido tratará de sobornar a los ciudadanos cada vez más heterogéneo con bienes públicos. Esto implica que habrá menos clientelismo conforme se consolide la competencia electoral. Tercero, consistente con la lógica del modelo de diversificación de portafolio, el incumbent intentará saltar los altos riesgos de la provisión de bienes públicos mediante mayores recursos a transferencias clientelares en las localidades más riesgosas, en aquellas en que la base del partido se erosione rápidamente, manteniendo el sistema de configuración del partido y dejando constante el apoyo electoral al incumbent.

 

Puedes comentar esta nota en nuestro blog

 

« Regresar
 
Lecturas Socialdemocratas
.: Socialdemocracia sin clase trabajadora
.: Socialdemocracia, neoliberalismo y globalización
Suscribete a nuestro boletín
Unete al Blog
Multimedia
 
Semanario Electronico
Red Universitaria Socialdemócrata
¿Qué es Socialdemócracia?

 

De la fundación Socialdemócrata.

 

Espérala

 
   

 

 
Fundación Socialdemócrata Copyright © 2008
 
Av. Insurgentes Sur #1942, PH2. Piso. Col. Florida Del. Álvaro Obregón, C.P. 01030 México, D.F. Telefono 91505856 Fax: +52(55)-91-50-51-90, email: contacto@socialdemocrata.org.mx